12 may. 2010

Cosas. Todas las cosas son cosas. Cosas.

Cuando me despierto de madrugada, y no está, me asombro. Y siento un pánico ridículo, y me entra frío, Y QUÉ FACILES SON AHORA LAS COSAS.

Y cuántos días han pasado sin entender nada, ni dos palabras, y "hay que joderse, menuda desgracia de mundo en el que nos ha tocado vivir", y otros sinsentidos que recogen demasiadas sensaciones que, por mucho esfuerzo, por mucho empeño... nadie va a saber de qué están hechas. Y sería mejor saber una pequeña parte de su composición, porque sólo conociendo la esencia se conoce el todo. ¿Y qué es el todo? Ni puta idea. Sólo quiero largarme de aquí un tiempecito y respirar aire. Aire dulce.

Y que mañana se acaba todo. Bueno, una pequeña parte. Voy a reírme. Mucho. Histéricamente, si hace falta. Ni suerte ni ostias, a plantarle cara al mundo y dejarse de tonterías.

¿Que todo el mundo compra relojes? La cinco de Rice se ha quedado en el cajón de objetos perdidos hasta nuevo aviso. A ver si tarda en salir.

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