A pesar de todo, a pesar de pensar, de sentir, de equivocarse, de no gritar ni hablar, de reírse porque algo hay que hacer, de salir y de entrar, de escapar, de silenciar miradas con un gesto de la mano...
A pesar de tantas cosas, OJALÁ SIEMPRE. Ojalá siempre. Por primera vez, ojalá siempre...
10 jun 2010
9 jun 2010
8 jun 2010
Como...
Como un camino vacío, como un acuerdo al que llegan dos personas sin hablar; como un mueble antiguo que coge polvo; como un animal herido que corre desesperadamente buscando espacio, espacio, espacio.
Como una columna blanca en una habitación vacía, blanca, con luz. Como la sombra que proyecta la columna 35º a la derecha, y luego 50º, y luego quizás más, dependiendo del continuo movimiento del Sol.
Como una rosa que se marchita lentamente y que se cuelga boca abajo, para que muera despacio; como una silla que nadie utiliza, pero que sigue, con el paso de los años, en el mismo lugar, esperando.
Como un ordenador con demasiadas historias metidas entre los microchips, quizás tantas que nadie se preocupa por releerlas, porque ya no es tiempo de hacer eso o porque hace demasiado calor.
Como un CD rayado que no funciona, pero que sigue estando dentro de su carátula, en la misma estantería; como un cuadro cortado, roto y muerto, encajado en un mal lugar, encajado en un mal pequeño mundo, desencajado de la verdad.
Como una pila de libros por estudiar, que esperan hasta el último momento para ser abiertos, y, aún así, servirán de algo en algún momento.
Aquí nadie sabe nada. Es como si todo fuera un camino vacío, un acuerdo al que llegan dos personas sin hablar, un mueble antiguo...
Como una columna blanca en una habitación vacía, blanca, con luz. Como la sombra que proyecta la columna 35º a la derecha, y luego 50º, y luego quizás más, dependiendo del continuo movimiento del Sol.
Como una rosa que se marchita lentamente y que se cuelga boca abajo, para que muera despacio; como una silla que nadie utiliza, pero que sigue, con el paso de los años, en el mismo lugar, esperando.
Como un ordenador con demasiadas historias metidas entre los microchips, quizás tantas que nadie se preocupa por releerlas, porque ya no es tiempo de hacer eso o porque hace demasiado calor.
Como un CD rayado que no funciona, pero que sigue estando dentro de su carátula, en la misma estantería; como un cuadro cortado, roto y muerto, encajado en un mal lugar, encajado en un mal pequeño mundo, desencajado de la verdad.
Como una pila de libros por estudiar, que esperan hasta el último momento para ser abiertos, y, aún así, servirán de algo en algún momento.
Aquí nadie sabe nada. Es como si todo fuera un camino vacío, un acuerdo al que llegan dos personas sin hablar, un mueble antiguo...
24 may 2010
Héctor.
Cosas que pasan, dicen unos. Qué pena, dicen otros.
Yo sólo digo que se van los que no se tienen que ir, que qué mierda de mundo y de vida, que ojalá las cosas salieran de otra manera, ojalá pudiéramos controlar cada paso en falso, ojalá pudiéramos....
Ojalá pudiéramos.
Yo sólo digo que se van los que no se tienen que ir, que qué mierda de mundo y de vida, que ojalá las cosas salieran de otra manera, ojalá pudiéramos controlar cada paso en falso, ojalá pudiéramos....
Ojalá pudiéramos.
19 may 2010
Cosas que pasan, supongo.
Cosas que se ven, que se adivinan, que te aceleran el corazón. Cosas que dan que pensar, que te destrozan. Que te hacen pedacitos pequeños. Pequeños, muy pequeños, de esos que si se pierden, SE PIERDEN. De esos que no se pueden encontrar. Son cosas de esas que han pasado otras veces.
Empezar. Supongo.
Las ideas... las ideas REtumban,
REbotan,
REbobinan.
Empezar, de una forma u otra.
Empezar. Supongo.
Las ideas... las ideas REtumban,
REbotan,
REbobinan.
Empezar, de una forma u otra.
17 may 2010
Sé que, al final...
Hace dos meses llegué a una casa pequeña, a la que había entrado horas antes, con la intención de dejar los trastos. Cuando llegué, por segunda vez, lo hice con unas intenciones poco claras, mucho miedo, confusión, cierto pánico ante todas las cosas que estaban pasando. Y, supongo, SUPONGO, que en medio de todo eso estaba la antigua idea de destrozar algo. Porque gracias al líquido, sentimos algo, creamos algo. O gracias a las ganas de ilusión, de despertar, de sueño, de calor, de sol, de luz, de paz.
Sin saber muy bien qué decía, y al mismo tiempo sabiéndolo, y prometiendo prometer y cumplir, algo que se corroboró más tarde, conseguí articular alguna que otra frase con sentido, aunque no recuerdo el tono de la voz ni su posible temblor. Respiró, o esa sensación me dió a mí. Espero que fuera eso lo que sintió, un respiro. El mismo respiro que llevo sintiendo yo tanto tiempo, dos meses, dos felicidades de muchas horas.
El momento exacto fue cálido, desconcertante, exhuberante, dulce, concreto, incierto. Deberíamos haber podido quedarnos dormidos, sin rumiar soledades a esas horas... Recuerdo que miré casi eternamente un color madera, estúpido y sin sentido, durante mucho tiempo. Digo casi porque me dormí. Ya habría tiempo de pensar por la mañana, pocas horas mas tarde.
Al despertarme, volví la vista a la madera, y no supe bien qué hacer hasta que decidí salir de allí. Llegar hasta el otro lado fue fácil, pero una vez allí, viendo las circunstancias, observando detenidamente el color de la luz que entraba por el ventanal, pareció todo un poco demasiado pálido. Pálido y agobiante. Y nada fácil. Pero en ese momento decidí. Elegí. Y elegí bien. Y después de esconder la cabeza tras un cojín y murmurar estupideces, lo di todo por hecho. Resuelto.
Tan resuelto que cuando me paro a pensar y a analizar los últimos tiempos, me sorprendo. Cómo cambian las cosas, en qué poco tiempo. Tiempo.
Porque algunas cosas en la vida cambian. Esta vez, a mejor. Y es que al final...
Sin saber muy bien qué decía, y al mismo tiempo sabiéndolo, y prometiendo prometer y cumplir, algo que se corroboró más tarde, conseguí articular alguna que otra frase con sentido, aunque no recuerdo el tono de la voz ni su posible temblor. Respiró, o esa sensación me dió a mí. Espero que fuera eso lo que sintió, un respiro. El mismo respiro que llevo sintiendo yo tanto tiempo, dos meses, dos felicidades de muchas horas.
El momento exacto fue cálido, desconcertante, exhuberante, dulce, concreto, incierto. Deberíamos haber podido quedarnos dormidos, sin rumiar soledades a esas horas... Recuerdo que miré casi eternamente un color madera, estúpido y sin sentido, durante mucho tiempo. Digo casi porque me dormí. Ya habría tiempo de pensar por la mañana, pocas horas mas tarde.
Al despertarme, volví la vista a la madera, y no supe bien qué hacer hasta que decidí salir de allí. Llegar hasta el otro lado fue fácil, pero una vez allí, viendo las circunstancias, observando detenidamente el color de la luz que entraba por el ventanal, pareció todo un poco demasiado pálido. Pálido y agobiante. Y nada fácil. Pero en ese momento decidí. Elegí. Y elegí bien. Y después de esconder la cabeza tras un cojín y murmurar estupideces, lo di todo por hecho. Resuelto.
Tan resuelto que cuando me paro a pensar y a analizar los últimos tiempos, me sorprendo. Cómo cambian las cosas, en qué poco tiempo. Tiempo.
Porque algunas cosas en la vida cambian. Esta vez, a mejor. Y es que al final...
16 may 2010
Uuuhhh.
Si me despierto por la noche y no estás, siento frío. Las sábanas se convierten en paredes que no dejan respirar a las botellas de agua, y el suelo se vuelve algo inconcluso, sin fin, sin temperatura, sin ganas de despertar. Y si no hay luz, la presión del aire destroza todas las esperanzas, pero, al mismo tiempo, ya no hablo más.
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